lunes, 11 de abril de 2011

Empezando a pensar en lo que implica trabajar en grupo...


Nunca voy a olvidar cierto mediodía, hacía muchísimo frío pero un ser querido estaba transpirando como en la playa, aunque colorado de bronca y no de sol. Subió al auto y comenzó el monólogo que destacaba cada uno de los defectos de sus compañeros de oficina... ¡ya sentía conocerlos tan bien en tan poco tiempo!

Pocos días después, una profesora nos anunció que llegaba la hora de elegir con qué compañeros preparar la investigación y monografía integradora de cuarto año del colegio secundario. Algunos optaron por su grupo de amigos o gente con gustos parecidos, otros intentamos buscar las dos cosas pero... siempre en el grupo hay alguien que es perezoso, otro muy autoexigente, a uno no le interesa el asunto y a otro le parece lo más entretenido. También aparece el compañero que te cae mal pero "quedó solo y te lo enchufan"... y lejos de ser una herramienta de ayuda, parece que trabajar en grupo es una gran complicación. De todos modos, pese a todo esto, me quedó una gran convicción: que aprendimos, APRENDIMOS. ¿Valores humanos?, ¿temas académicos?... quizás un poco de todo.

Al fin y al cabo, esa realidad con la que nos tocó enfrentarnos, después la trasladamos a la vida cotidiana, al trabajo, al club, al mismo hogar. Y es que sencillamente solos no podemos hacer nada, el trabajo en grupo es parte de nuestra supervivencia y ya lo ha dicho demasiada gente, no es invento mío.

En este espacio, me gustaría analizar esta realidad dentro del ámbito universitario, cómo gran parte de los estudiantes buscamos y damos gracias cuando aparecen los “Compañeros de Camino”, ya sean alumnos o docentes… pero también sufrimos los dolores de cabeza que esta experiencia genera. Pero ojo, hay otros que sufren dolores… pero por no ser incluidos como parte de un grupo.

¡Espero que les interese el tema, porque a mi me encanta!


¡Hasta la próxima!

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